La muerte es entendida en las enseñanzas islámicas como la separación del alma del cuerpo y el tránsito del ser humano desde este mundo hacia otra realidad. No significa la desaparición absoluta ni el aniquilamiento de la persona. Según el Corán y las tradiciones islámicas, la muerte es inevitable para todos los seres humanos; después de ella, la vida continúa en el mundo intermedio, llamado barzaj, y posteriormente en el Más Allá.
El Corán afirma en el versículo 57 de la sura al-ʿAnkabūt: «Toda alma probará la muerte; luego seréis devueltos a Nosotros». La expresión «probar la muerte» indica que el ser humano no deja de existir al morir, sino que entra en una nueva etapa de su existencia. El Corán utiliza varios términos para referirse a la muerte, entre ellos mawt («muerte»), qatl («matar») y tawaffī. Este último término significa «recibir por completo» y alude a la recepción del alma por Dios o por los ángeles.
La naturaleza de la muerte
Mullā Ṣadrā considera la muerte como la última morada del mundo terrenal y la primera morada del Más Allá. Allama Tabatabaí también la define como el tránsito del ser humano de una etapa de la vida a otra. Según esta perspectiva, el alma permanece después de separarse del cuerpo y, en el mundo posterior a la muerte, encuentra el resultado de sus propias acciones.
Los filósofos y místicos musulmanes han descrito la muerte como una realidad existencial y como una forma de transición, no como la nada. El cuerpo es considerado un medio y una vestidura material del alma. Al morir, el alma se libera de su dependencia del cuerpo. En la muerte natural, el cuerpo deja de funcionar debido a la vejez y al desgaste; en cambio, en las muertes no naturales, el cuerpo deja de funcionar antes de ese proceso por causa de una enfermedad, un accidente u otro factor.
La relación entre la muerte y el sueño
En algunas tradiciones islámicas y escritos místicos, el sueño se relaciona con la muerte y recibe el nombre de «muerte menor». En ambos estados, el alma reduce su conexión con el cuerpo. La diferencia consiste en que, durante el sueño, la separación es temporal e incompleta, mientras que en la muerte es definitiva. Por esta razón, el sueño ha sido llamado «hermano de la muerte», y la muerte ha sido descrita como un largo sueño del que el ser humano despertará en el Día de la Resurrección.
Tipos de muerte
Morteza Motahhari clasifica la muerte según la manera en que ocurre:
- Muerte natural: causada por la vejez y el desgaste del cuerpo.
- Muerte accidental o prematura: provocada por una enfermedad, un accidente u otro suceso antes del final natural de la vida.
- Muerte criminal: causada por el delito y la violencia de otra persona.
- Suicidio: poner fin deliberadamente a la propia vida, acto considerado ilícito en el islam.
- Martirio: muerte aceptada en el camino de Dios y por una causa sagrada.
El imam Husayn (P) afirmó en el día de ʿĀshūrā que, para los creyentes, la muerte es un puente que los conduce desde las dificultades de este mundo hacia el Paraíso y las bendiciones divinas. El ayatolá Jomeini, además de la muerte natural, habló de la muerte voluntaria o espiritual. Esta expresión se refiere a la liberación de las pasiones y los deseos egoístas, así como a la superación de los obstáculos interiores durante la vida. Esta cualidad se manifiesta especialmente en los profetas y en los amigos de Dios.
La muerte dolorosa y la muerte repentina
Algunas tradiciones islámicas hablan de la muerte desafortunada (mītat al-sūʾ), es decir, una muerte acompañada de sufrimiento o de circunstancias desagradables. Según esas tradiciones, dar limosna puede contribuir a alejar este tipo de muerte.
La muerte repentina (mawt al-mufāyaʾa) es aquella que ocurre sin señales o advertencias evidentes. Algunas tradiciones recomiendan actos como dar limosna y recitar determinadas suras del Corán para protegerse de ella.
El plazo de la vida y la toma del alma
El momento de la muerte de cada persona es conocido por Dios, pero el ser humano no conoce de antemano ni el momento ni el lugar en que morirá. Algunos comentaristas y sabios musulmanes han dividido el plazo de la vida en plazo determinado y plazo condicionado. El plazo determinado es el momento definitivo e inalterable de la muerte. El plazo condicionado, en cambio, depende de ciertas circunstancias y, según algunas interpretaciones, puede verse afectado por acciones como mantener los vínculos familiares, dar limosna u otros actos humanos.
La toma del alma significa la separación del alma respecto del cuerpo. Según el Corán, este proceso ocurre por orden de Dios y por medio de los ángeles. El estado de angustia y agitación que puede acompañar al momento de morir se denomina agonía de la muerte (sakarāt al-mawt), cuya intensidad no es igual para todas las personas.
La muerte cerebral y sus aspectos jurídicos
En la medicina antigua, la interrupción del latido del corazón y del pulso era el principal criterio para determinar la muerte. En la medicina moderna, en cambio, la interrupción completa de la actividad cerebral también se considera, en ciertos casos, un criterio de muerte. A veces el cerebro deja de funcionar, mientras que el corazón continúa latiendo con ayuda de aparatos. Los juristas musulmanes mantienen diferentes opiniones sobre si una persona en esta situación debe considerarse legalmente muerta y sobre la posibilidad de extraer sus órganos principales para trasplantarlos.
El suicidio está prohibido según la jurisprudencia islámica. La eutanasia, es decir, provocar la muerte de pacientes incurables para poner fin a su sufrimiento, tampoco está permitida según la opinión de los juristas musulmanes.
El recuerdo de la muerte
En las tradiciones de los imames de la familia del profeta Muhammad (PB), el recuerdo de la muerte se presenta como un medio para purificar el corazón, reducir las ambiciones mundanas y corregir la conducta. Recordar la muerte ayuda al ser humano a alejarse de la negligencia, la injusticia y el apego excesivo a la vida terrenal, y lo prepara para el Más Allá.
Prepararse para la muerte implica cumplir las obligaciones religiosas, evitar los pecados, corregir la propia conducta, respetar los derechos de los demás y realizar buenas obras. Desde la perspectiva islámica, la persona debe prepararse antes de la llegada de la muerte para su tránsito al mundo intermedio y para su encuentro con Dios.