La extracción del alma —en árabe, qabd al-rūh— se refiere al proceso mediante el cual el alma humana es retirada y separada del cuerpo físico en el momento de la muerte. En la doctrina islámica, este acontecimiento ocurre por decreto divino a través de Azrael —el Ángel de la Muerte— y una legión de ángeles subordinados. En el Corán, este suceso se describe con el término tawaffī, que alude a la recepción completa y custodia definitiva del alma por parte de Dios.
El proceso físico y sensorial de la muerte
Según las tradiciones islámicas, la partida del alma se produce de manera gradual y progresiva:
- Pérdida de movilidad: En una primera fase, las extremidades —brazos y piernas— pierden fuerza y sensibilidad.
- Cese del habla y del oído: Conforme avanza el trance, la persona moribunda pierde primero la capacidad de hablar y posteriormente el sentido de la audición. Aunque percibe visualmente a sus seres queridos y los movimientos de sus labios, ya no logra escuchar sus voces.
- Pérdida de la visión: En la etapa final, la vista se desvanece por completo. La garganta es descrita en los textos como el último órgano en dejar de funcionar antes del desenlace definitivo.
Formas de extracción según la condición espiritual
Las fuentes islámicas señalan que la experiencia de la muerte varía notablemente de acuerdo con el estado de fe y la conducta moral de cada individuo:
- Profetas: La partida de los enviados divinos se describe como serena y pacífica. Diversas tradiciones señalan que el Ángel de la Muerte solicitó autorización personal antes de tomar las almas de figuras proféticas como Muhammad (PB), Abraham (P), Moisés (P), Noé (P) y Salomón (P).
- Creyentes: La custodia de sus almas está asignada a los «ángeles de la misericordia». Los relatos indican que la presencia espiritual del profeta y su familia reconforta al creyente en sus últimos instantes, facilitando un tránsito suave. Sin embargo, en ciertos casos, un creyente puede experimentar dificultades físicas al morir, lo cual es interpretado por la teología islámica como una forma de expiación o purificación de faltas menores antes de ingresar a la otra vida.
- Incrédulos y transgresores: La separación del alma se describe como dolorosa y angustiante, ejecutada por ángeles de severidad que reprenden al moribundo. No obstante, las tradiciones admiten excepciones en las que una persona incrédula fallece con relativa facilidad física; los teólogos explican esto como una compensación terrenal por las buenas obras aisladas que haya realizado en vida, de modo que ingrese al Más Allá sin recompensas pendientes.
Jerarquía de los agentes de la muerte
En el Corán, la acción de recoger las almas se atribuye en distintos aleyas a Dios, al Ángel de la Muerte en singular, o bien a un colectivo de emisarios angélicos.
La teología chií resuelve esta aparente divergencia mediante una jerarquía funcional: la causa suprema y originaria es siempre Dios, quien delega el mandato en Azrael, y este a su vez lo ejecuta mediante diversas falanges celestiales. Entre estos ángeles destacan los Nāziʿāt —encargados de extraer con severidad las almas de los pecadores e impíos— y los Nāshitāt —destinados a recoger con suavidad y benevolencia el alma de los justos—.
Factores y prácticas para mitigar el trance de la muerte
La literatura islámica recoge diversos actos éticos y devocionales que favorecen una transición pacífica:
- Conducta ética y social: El buen trato y respeto hacia los padres, el fortalecimiento de los lazos familiares (silat al-rahim) y la práctica habitual de la caridad material.
- Prácticas espirituales: El ayuno durante el mes de Ramadán y la recitación asidua de plegarias y capítulos coránicos específicos (como los capítulos Yāsīn y Al-Sāffāt) junto a la persona moribunda.
- Recomendaciones para el momento final: Trasladar con cuidado a la persona agonizante al lugar habitual de su hogar donde solía realizar sus oraciones diarias.