El Imamato y el Califato

Palabras claves: 
El Imamato
El califato islámico
Imamah
Imamat
Liderazco del Islam
Wilaya
Wilaia
Imam
Sucesión del Profeta
Sucesor del Profeta
Ahl-ul Bait
Ahlul Bait
Ahlul Bayt
Ahlul-Bait
Doce Imames
inmaculados
infalibles

El Imamato y el Califato

El Gran Profeta Muham­mad (BP) falleció en los comienzos del año XI de la héjira lunar, luego de veintitrés años de esfuerzo en el camino de anunciar la sharî‘ah o ley islámica.
Con el fallecimiento del Gran Profeta (BP), concluyó la Revela­ción, y se selló la profecía, y de esa manera no hubo ni habrá más profeta después de él, ni otra ley divina después de la suya; sin embargo, los debe­res y obligaciones que pesaban sobre los hombros del Profeta Muhammad (BP), a excepción de lo concerniente a recibir Reve­lación y su anunciación, ob­viamente no concluyeron.
Es por ello que era menester que después de su muerte hubiera una persona perspicaz y sagaz, proba, que continuara cumpliendo esas obligaciones y funciones, guiara a los musulmanes y fuera su Imam y suce­sor del Mensajero de Dios (BP).
Imamato (Imamah) significa liderazgo y Tutela, ya sea en los asuntos religiosos o mundanales sobre las personas, en sucesión al Profeta del Islam (PB). A su respecto existen dos puntos de vista diferentes entre los musulmanes.
Los chiitas creen que el Profeta del Islam fue ordenado por Dios a nombrar a su sucesor, al que la gente debe obedecer. Este sucesor fue el Imam Alí Ibn Abi Talib (P) y después de él el Imam Hasan (P) y el Imam Hussein (P).
Los chiitas duodecimanos (Izna-´ashari) creen que después del Imam Husein (P), nueve de sus descendientes fueron nombrados como sus sucesores. El doceavo de ellos, el Imam Mahdi (que Dios apresure su aparición) se encuentra oculto a las miradas y un día se levantará para establecer la Justicia en el mundo. Otras sectas chiitas, como los Zaydíes y los Ismaelíes, y otros tiene opiniones distintas acerca de quiénes fueron los sucesores después del Imam Hussein (P).
Los sunitas, la otra de las escuelas principales del Islam, creen que el Profeta del Islam (ByP) no nombró un sucesor después de su muerte y la gente eligió a Abu Bakr Ibn Abi Quhafihr y le dio voto de obediencia; quién fue sucedido Omar Ibn al-Jattab y Uzmán Ibn Affan, nombrados como el segundo y tercer califas.
La cuestión de la necesidad de la existencia de un califa del Profeta (BP) es algo en lo que concuerdan todos los musulma­nes, si bien los sunnitas y shií­tas discrepan en algunos de los atributos que tal califa debiera de tener y la forma de su nom­bramiento.
Al principio es necesario acla­rar el significado de “shi‘ah” y “shiísmo”, y la historia de su origen y manifestación, de forma que se facilite tras ello el estudio de las cuestiones relacio­nadas al Imamato y Cali­fato después del Mensajero de Dios (BP).
 
Etimológicamente shî‘ah tiene el significado de “segui­dor”[1], y en el uso este tér­mino o deno­minación se aplica a una de las tendencias de los musul­manes que afirman que el lide­razgo de la comunidad is­lámica después del Mensajero de Dios (BP) era un derecho del Imam ‘Alî (P) y de sus hijos inma­culados.
Durante su vida el Santo Profeta (BP) habló numerosas veces y en diferentes ocasiones sobre las virtudes y cualidades del Imam ‘Alî (P), así como sobre su liderazgo y jefatura sobre la comunidad islámica después de él (BP), y ello es testimoniado por lo contundente de la historia compilada.
Todas esas encomendaciones y énfasis, como nos lo refieren los hadices confiables, ocasionaron que un grupo de los Compañeros del Profeta (BP) en vida de éste se reunieran alrededor del Imam ‘Alî (P), sus corazones se vieran cautivados por él y fueran conocidos como shî‘atu ‘Alî (los seguidores de ‘Alî).
Este grupo de Compañeros, tras el fallecimiento del Profeta (BP), permaneció en esa condición y en su convicción previa de que el Mensajero de Dios (BP) estipuló la sucesión del Imam ‘Alî (P) en lo concerniente al califato y liderazgo de la comunidad después de él, sin verse influenciados por conveniencias personales.
Así, un grupo de musulmanes fue llamado “shî‘ah” en vida del Mensajero de Dios (BP), y continuó llamándose de esa manera después de su desaparición. Muchos estudiosos de la historia de los pueblos y tendencias, han manifestado claramente esto.
An-Nawbajtî (fallecido en 310 H.L.) escribe: “Los shiítas son seguidores de ‘Alî ibn Abî Tâlib (P), fueron llamados shî‘atu ‘Alî tanto en tiempos del Mensajero de Dios (BP) como después de él, y son conocidos por sentirse cautivados por él y sostener su Imamato”.[2]
Dijo Abûl Hasan Al-Ash‘arî: “Se les dice shî‘as porque ellos siguieron a ‘Alî y lo anteponen por sobre el resto de los Compañeros del Mensajero de Dios (BP)”.[3]
Dijo Ash-Shahrestânî: “Los shî‘as son quienes siguieron a ‘Alî (P) en especial, y sostuvieron su Imamato y Califato en la forma de estipulación y legado (de parte del mismo Profeta)”.[4]
Sobre la base de esto, la historia de la shî‘ah no es diferente a la historia del mismo Islam, y en realidad el Islam y el shiísmo son dos caras de la misma moneda, o bien las dos caras de una misma realidad y gemelos nacidos en el mismo momento.
Los expertos en hadîz e historiadores mencionaron que el Profeta (BP) en los primeros años de su prédica, invitó a los hashemitas (su clan familiar) y les reunió en su casa anunciándoles la sucesión y califato de ‘Alî (P). Este hadîz es llamado hadîz bad’u ad-da‘wah o del “Comienzo de la Prédica” o hadîz iawm ad-dâr o del “Día de la Casa”.[5]
El Profeta anunció esto mismo a la gente repetidas veces y en diferentes oportunidades, especialmente en el día de Gadîr, donde se planteó el Califato en forma oficial, de manera que tomó la baî‘ah o juramento de fidelidad de la gente para el Imam ‘Alî (P), y el conocimiento de los detalles del suceso resulta más que suficiente para demostrar ello.
El shiísmo no fue producto de los lamentables sucesos de la Saqîfah, ni de la sedición producida por los sucesos concernientes al asesinato de ‘Uzmân, o alguna otra de las fábulas que se cuentan, sino que fue el mismo Santo Profeta (BP) quien por primera vez sembró las semillas del shiísmo en los corazones de los Compañeros mediante sus repetidas enseñanzas celestiales.
Esas semillas crecieron poco a poco y grandes compañeros como Abû Dharr, Salmân y Miqdâd fueron conocidos con el apelativo de shiítas.
Los expertos en exégesis coránica mencionaron lo siguiente respecto a las palabras del Altísimo que expresan:
«Por cierto que quienes creyeron e hicieron buenas obras, esos son lo mejor de la creación».[6]
Dijeron: El profeta respecto a esto dijo:
“Son ‘Alî y sus shî‘as (seguidores)”.[7]
Por supuesto, este breve ensayo no puede abarcar la mención de todos los nombres de los primeros shiítas de entre los Compañeros y los tâbi‘în (los compañeros de los Compañeros del Profeta) que sostuvieron que ‘Alî era el sucesor del Profeta (BP) en forma directa e ininterrumpida.
El shiísmo, en el sentido mencionado, conforma el denominador común a todos los shiítas del mundo, los cuales conforman una parte importante de los musulmanes del orbe.
Los shiítas, al igual que los seguidores de otras tendencias del Islam, tuvieron gran parte en la difusión del Islam y brindaron grandes y juiciosas personalidades científicas, literarias y políticas a la comunidad humana, y actualmente también tienen una presencia activa en muchas regiones.
 
La cuestión del Imamato, tal como lo demostraremos a través de los artículos venideros, es una cuestión divina y celestial, y es por eso que era necesario que se cumplimentara la estipulación del califa del Profeta a través de la revelación divina al mismo Profeta (BP), y fuera el mismo Profeta quien la anunciara a la gente.
Antes de brindar y explicar los argumentos y pruebas transmitidas y taxativas a este respecto, analizaremos el juicio del intelecto en este caso, considerando las condiciones de ese período (esto es, el período anterior y posterior a la muerte del Profeta), y sus puntos que pueden llegar a presentarse ambiguos.
La lógica elemental juzga que cualquier persona considerada un reformador, si a través de esfuerzos descomunales que se prolongan por muchos años puede llegar a ejecutar su plan social que le es particular, e innovar un nuevo sistema para la sociedad humana, necesariamente pensará en el medio efectivo para la permanencia de ese plan, que garantice su continuidad y también su desarrollo. No se corresponde con la sapiencia que una persona edifique una gran obra, soportando gran cantidad de agobios, pero que no piense en aquello que la proteja de los peligros, ni designe a alguien para preservarla y cuidar de la misma después de él.
El Gran Profeta (BP) es una de las más grandes personalidades del mundo, y mediante la ley religiosa que trajo produjo una colosal transformación divina mundial, preparando el terreno para establecer una civilización nueva y sin igual.
Es evidente que esta gran personalidad, que presentó a la humanidad una ley divina eterna, que guió la sociedad humana en su tiempo y durante los días de su vida, pensó también en cómo proteger su sharî‘ah frente a los posibles peligros y flagelos que la amenazarían en el futuro; asimismo consideró el medio para lograr la guía eterna y administración de su comunidad, y dejó en claro la forma del liderazgo después de él; ello es así porque es ilógico que ese sapiente Profeta establezca las leyes de una legislación divina eterna, sin disponer un sistema fuerte de liderazgo después de él, que garantice la permanencia de dicha legislación divina.
Tal Profeta que no escatimó esfuerzos para dejar en claro el más mínimo detalle de lo que se necesita para la felicidad de la humanidad, ¿cómo sería lógico que hiciera silencio en lo relacionado al liderazgo de la sociedad islámica y su forma y formulación? ¡¿Cómo podría ser así desde que ello conforma uno de los asuntos esenciales y decisivos de la vida de la comunidad, e incluso de la vida de la humanidad, por lo que se estaría dejando a la naciente sociedad islámica confusa y desatendida, sin saber cuál es su obligación a este respecto?!
Sobre la base de esto, es absolutamente imposible aceptar la pretensión de quien sostiene que el Gran Profeta (BP) cerró los ojos a la vida sin pronunciar palabra alguna respecto al liderazgo de la comunidad islámica.
 
Después de haber demos­trado que la sapiencia y conocimiento del Profeta (BP) implica­ban que él adoptara una posición adecuada en lo concer­niente al liderazgo islámico después de él, ahora veremos cuál fue la posición que efectivamente adoptó a este res­pecto.
Hay dos teorías a este respecto que expondremos aquí, y que procederemos a discutir:
Primera teoría: El Profeta (BP) eligió por orden de Dios a una persona excelente y cabal para el liderazgo de la comunidad islámica, y la designó como Califa después de él, informando a la gente sobre ello.
Segunda teoría: El Profeta (BP) delegó la elección del líder y califa después de él a la gente, para que ellos mismos eligieran a una persona para ese cargo.
Ahora debemos ver cuál de las dos teorías es la que se desprende de los hadices del Profeta (BP) y la historia documentada.
Analizando con atención la vida del Profeta (BP), desde el día que le fue encomendado anunciar su ley divina a sus parientes y clan familiar y luego anunciar su prédica a toda la gente, hasta el momento de su fallecimiento, se observa en forma categórica que el Profeta (BP) marchó la vía de “la estipulación” en la cuestión del liderazgo repetidas veces y no la de “la elección popular”. Demostraremos este tema a través de los siguientes asuntos:
 
Luego de haber transcurrido tres años del día en que el Mensajero de Dios (BP) fue enviado como tal, Dios, Glorificado Sea, le encomendó anunciar Su Mensaje a los miembros de su clan familiar, y ello fue al revelarse Sus palabras, Majestuoso e Imponente, que expresan:
«Y amonesta a tus parientes más cercanos».[10]
He ahí que el Profeta (BP) reunió a los principales de la tribu de los hashemitas y les dijo:
“¡Oh hijos de ‘Abdul Muttalib! ¡Por Dios! Que no conozco a ningún joven entre los árabes que haya traído a su pueblo algo mejor de lo que yo os traigo. Os traigo lo mejor de este mundo y el de la otra vida, y Dios, Glorificado Sea, me ha ordenado que os invoque hacia Él. Así pues, ¿quién de vosotros me secundará en este asunto de forma que sea mi hermano, mi sucesor, mi visir y mi califa entre vosotros?”.
El Profeta (BP) repitió la última frase tres veces; en cada una de esas oportunidades no se levantó nadie excepto ‘Alî (P) quien anunció su predisposición en cada vez para secundar al Profeta (BP) y auxiliarle. A la tercera vez dijo el Profeta (BP):
“Por cierto que éste es mi hermano, mi sucesor y mi califa entre vosotros. Así pues prestadle atención y obedecedle”.[11]
El Profeta (BP) consideró la posición de ‘Alî (P) respecto a él como aquella de Aarón respecto a Moisés a excepción de la condición de Profeta, cuando dijo:
“¡Oh ‘Alî! ¿Acaso no te complace que tengas respecto a mí la misma posición que Aarón tenía respecto a Moisés solo que después de mí no habrá más Profeta?”.[12]
Según el texto coránico, en tiempos de Moisés, Aarón tenía la posición de profeta, de califa o sucesor, y de visir:
«Y le otorgamos de Nuestra misericordia a su hermano Aarón como profeta».[13]
«Y le dijo Moisés a su hermano Aarón: Sucédeme en mi pueblo».[14]
«Y dispónme un visir de entre mi familia».[15]
El hadîz de Manzilah demuestra todas esas posiciones para el Imam ‘Alî (P) a excepción de la profecía, y si el propósito del mismo no fuera demostrar todas esas posiciones para ‘Alî (P) salvo la profecía, no hubiera sido necesario recalcar la excepción en lo concerniente a la profecía.
El Gran Profeta (BP) equiparó a Ahl-ul Bait (P) con el Arca de Noé (P), en la que aquel que se embarcó en ella se salvó y quien se retrasó de ella se ahogó en el diluvio, al decir:
“Sabed que el ejemplo de la Gente de mi Casa entre vosotros es como el ejemplo del Arca de Noé (P) entre su pueblo: quien se embarcó en ella se salvó y quien se rezagó de la misma se ahogó”.[16]
Sabemos que el Arca de Noé (P) era el único refugio de la gente respecto al diluvio en ese tiempo. Así, la Gente de la Casa del Profeta (BP), en conformidad al hadîz del Arca de Noé, se considera el único refugio para la salvación de la comunidad respecto de los sucesos de intolerancia sectaria y los peligrosos acontecimientos que generalmente conllevan el desvío de la humanidad.
4- El Hadîz de Amân Al-Ummah (la seguridad de la comunidad):
El Mensajero de Dios (BP) describió a la Gente de su Casa como fuente de unidad de los musulmanes, como aquello que ocasiona que se mantengan alejados de las diferencias y la diversificación, y como seguridad ante el hecho de ahogarse en el mar de la sedición, al decir:
“Las estrellas son una seguridad para la gente de la tierra respecto a que se ahoguen; asimismo, la Gente de mi Casa son una seguridad respecto de las diferencias, de forma que si una tribu de entre los árabes la contraría, habrá discrepado y se habrá vuelto del partido de Satanás”.[17]
De esta manera, el Profeta (BP) asemejó a la noble Gente de su Casa con las estrellas, sobre las que Dios, Glorificado Sea, dice:
«Y mediante las estrellas se encaminan».[18]
El hadîz de Az-Zaqalain es uno de los hadices mutawâtir del Islam, que fue narrado por los sabios de las dos tendencias del Islam en sus libros de tradiciones.
El Mensajero de Dios (BP) se dirigió a la comunidad islámica diciendo:
“Por cierto que dejo entre vosotros los dos tesoros (Az-Zaqalain): el Libro de Dios y mi descendencia, la Gente de mi Casa (Ahl-u Baitî); mientras os aferréis a ambos no os desviaréis jamás; y ciertamente que ambos no se separarán hasta que vuelvan a mí en la fuente (del Paraíso)”.[19]
Este hadîz demuestra con toda claridad la condición de Ahl-ul Bait An-Nabawî, la Gente de la Casa profética, como referencia del conocimiento junto al sagrado Corán, y torna obligatorio el hecho de que los musulmanes deban aferrarse a Ahl-ul Bait y al Corán en los asuntos religiosos, y procuren su opinión.
Pero lo que es muy lamentable, es que un sector de la gente procure la opinión de cualquiera sin tener en cuenta la de Ahl-ul Bait (P), y toquen a la puerta de cualquiera menos a la suya.
El hadîz de Az-Zaqalain, sobre cuya transmisión concuerdan tanto shiítas como sunnitas, puede congregar a todos los musulmanes sobre un mismo eje, puesto que si bien las dos tendencias se diferencian en la cuestión de la determinación del califa, líder y jefe político de la comunidad después del Mensajero de Dios (BP), y cada grupo posee su interpretación histórica a este respecto, que es lo que llevó a la división de los musulmanes en dos grupos, no hay ningún motivo para que exista discrepancia en lo concerniente a la condición de referencial de conocimiento de Ahl-ul Bait (P), sino que, sobre la base del hadîz de Az-Zaqalain, deberían estar de acuerdo al respecto.
Fundamentalmente, en la época de los primeros califas la condición de referencia científica que es propia de Ahl-ul Bait (P) le pertenecía a ‘Alî (P), puesto que se referían a él al surgir discrepancias en las cuestiones religiosas y los problemas se solucionaban a través de su intermedio.
En realidad, fue desde que Ahl-ul Bait (P) fue alejada de la escena de los referenciales científicos que se manifestaron las diferencias y divisiones, y surgieron una tras otra las diversas fragmentaciones en teología.
Como vimos en los hadices anteriores, el Mensajero de Dios (BP) a veces presentaba a su califa y sucesor en forma general, y otras veces lo hacía en forma específica, o sea, mencionando el nombre del califa y sucesor, de forma que cada uno de esos hadices conforma una prueba perfecta y completa para quien es perspicaz y procura la realidad; pero incluso con todo ello, y para que el Profeta (BP) pudiera hacer llegar su proclama a todos los musulmanes de aquellos días, tanto a los que se encontraban cerca como a los que se hallaban alejados de él, para que pudiera excluir toda ambigüedad e imprecisión, y rechazar cualquier duda o aprehensión a este respecto, al volver de haÿÿat-ul wadâ‘ (la Peregrinación de Despedida) se detuvo en una región llamada Gadîr Jumm, e informó a los peregrinos que se encontraban con él que le fue ordenado por Dios, Glorificado Sea, anunciar Su Mensaje hacia ellos, el cual constituía un asunto de extrema gravedad, al punto que si no lo anunciaba hubiera sido como si no hubiese anunciado nunca nada de Su Mensaje, como dice el Altísimo:
«¡Oh Mensajero! Anuncia lo que te fue revelado de parte de tu Señor, que en verdad que si no lo hicieras no habrás hecho llegar Su Mensaje, y Dios te mantendrá indemne de la gente».[20]
Tras ello el Profeta (BP) subió a un púlpito que había sido preparado con monturas y cargas de camellos, y se dirigió a la gente diciendo:
“Se acerca el momento en que yo sea llamado y res­ponda afirmativamente, ¿qué decís al respecto?”.
Dijeron: “Testimoniamos que tú has anunciado (el Mensaje), nos has aconsejado y te esforzaste. Que Dios te recompense en buena forma”.
Dijo: “¿Acaso testimoniáis que no hay divinidad más que Dios, que Muhammad es Su siervo y Mensajero y que la hora (del Día del Juicio) llegará, no hay duda en ello?”.
Dijeron: “Así es, testimoniamos ello”.
Dijo (BP): “Por cierto que yo seré el primero de vosotros en ingresar a la Fuente de Kauzar (del Paraíso). Así pues observad como actuáis después de mi en relación con los dos tesoros (Az-Zaqalain)”.
Alguien exclamó: “¿Cuáles son los dos tesoros ¡oh Mensajero de Dios!?”.
Dijo (BP): “El tesoro más grande es el Libro de Dios, un extremo del mismo se encuentra en manos de Dios, Majestuoso e Imponente, y el otro extremo se encuentra en vuestras manos; así pues, aferraos a él y no os extraviéis; y el tesoro menor es mi descendencia: por cierto que el Benevolente, el Informado me ha anoticiado que ambos no se separarán hasta que vuelvan a mí en la Fuente (del Paraíso), por lo tanto, no os anticipéis a ellos dos puesto que seríais aniquilados, ni seáis negligentes a su respecto puesto que provocaríais aniquilación”.
Luego tomó la mano de ‘Alî (P) y la elevó hasta que se vio el blanco de sus axilas, y a continuación expresó:
“¡Oh gente! ¿Quién posee más primacía entre la gente (awlâ an-nâs) sobre los creyentes que ellos mismos?”.
Respondieron: “Dios y Su Profeta saben mejor”.
El Profeta (BP) dijo: “Por cierto que Dios es mi Señor (mawlâ) y yo soy el señor de los creyentes, y yo tengo más primacía sobre ellos (awlâ bihim) que ellos mismos”.
A continuación dijo:
“Así pues, de quien yo fuera su señor (mawlâ), ‘Alî es su señor (mawlâ) ”.
Luego dijo:
“¡Dios mío! Sé amigo de quien es su amigo, y enemigo de quien le sea hostil, quiere a quien le quiera y aborrece a quien le aborrezca, auxilia a quien le auxilie y humilla a quien pretenda humillarle, y haz que la verdad se encuentre donde él esté”. Tras ello agregó: “¡Que el presente notifique al ausente!”.
El hadîz de Gadîr es uno de los hadices mutâwatir y entre sus narradores se cuentan los compañeros del Profeta (BP), los tâbi‘în (esto es, los compañeros de los Compañeros) y los grandes transmisores de narraciones del Islam. El mismo fue narrado en forma mutawâtir en cada siglo y etapa, habiéndolo transmitido 110 personas de entre los Compañeros, 89 de entre los tâbi‘în y 3500 personas de entre los sabios y expertos en narraciones del mundo islámico. Con ese nivel de tawâtur, no queda lugar para ninguna duda sobre la legitimidad y consideración de dicho hadîz. Asimismo, un grupo de sabios ha escrito libros en forma independiente acerca del hadîz de Gadîr, entre los cuales, el más completo y abarcador que cita las fuentes documentadas del hadîz de una sola vez, es el ilustre libro Al-Gadîr, escrito por el ‘Al·lâmah ‘Abdul Husain Al-Âminî (1320-1390 HL).
Ahora debemos ver cuál es el propósito de la condición de mawlâ (مولى) del Profeta (BP) y de ‘Alî (P).
Existen numerosos indicios que testimonian que el propósito de ese vocablo es la jefatura y el liderazgo. A continuación señalaremos algunos de esos indicios:
A- En los sucesos de Gadîr, el Noble Profeta (BP), hizo detener las caravanas de los pe­regrinos a la Casa de Dios en una región sin agua ni pastos, en un mediodía excesivamente caluroso. El calor del ambiente era tan intenso que los presen­tes disponían la mitad de sus ca­pas sobre sus cabezas y la otra mitad bajo sus cuerpos para protegerse del calor de la arena. Ante esas condiciones, era indudable que el Profeta iba a proferir palabras que debían ser decisivas para la guía de la comunidad. ¿Y qué asunto po­día ser más decisivo en el des­tino de los musulmanes que la designación de su sucesor lo cual sería un motivo para mante­ner la unidad de los mu­sulmanes y protegería la reli­gión?
B- Antes de exponer el asunto de la wilâiah de ‘Alî (P) el Profeta (BP) se pronunció sobre los tres principios del Islam: la Unicidad de Dios, la Profecía, y la creencia en el Más Allá, e hizo que la gente reconociera ello. Recién entonces anunció el Mensaje de Dios. El hecho de que él vinculara el Mensaje al acto de tomar el reconocimiento de la gente sobre los principios del Islam, nos hace inferir la importancia de ese Mensaje y nos hace ver que el propósito del Profeta (BP) al realizar tan grande y extraordinaria congregación no puede haber sido un asunto simple como el hecho de referirse a la “amistad” de una persona en particular (tal como llegó a decirse al respecto).
C- El Mensajero de Dios (BP) al comienzo de su disertación anunció su pronta partida de este mundo, lo que conforma un indicio de que se encontraba preocupado por la situación de la comunidad después de él. Entonces, qué mejor que disponer las cosas para que la comunidad no caiga después víctima de los peligros de la tormenta de los acontecimientos venideros.
D- Antes de manifestar el Mensaje divino acerca de ‘Alî (P), plantea su condición de mawlâ y su primacía (awlawîah) diciendo: “Dios es mi mawlâ, y yo soy el mawlâ de los creyentes, y yo tengo primacía sobre las personas de los creyentes por sobre ellos mismos”. La mención de esos asuntos es un testimonio de que la condición de mawlâ de ‘Alî (P) es de la misma naturaleza de la mawlawîah y awlawîah pertenecientes al Gran Profeta (BP), y él (BP) mediante la orden divina establece esa misma awlawîah para ‘Alî (P).
E- Luego de manifestar el Mensaje divino, el Gran Profeta (BP) pidió a los presentes que hicieran llegar este asunto a los ausentes.
 
La historia del Islam nos refiere que los enemigos del Profeta del Islam (BP) utilizaban diferentes métodos para procurar apagar su prédica divina: desde acusar al Profeta de utilizar la magia y la brujería, hasta tomar la decisión de asesinarle en su lecho, pero en todos los casos, la atención divina estuvo con el Profeta (BP) y lo mantuvo a salvo de los nefastos planes de los idólatras. La última esperanza de éstos (especialmente considerando que el profeta no tenía hijos varones), era que con su muerte se apagara su prédica:
«O dicen: “Es un poeta; esperaremos a que le acontezca la vicisitud de la muerte”».[21]
Este pensamiento se encontraba en la mente de muchos de los idólatras e hipócritas, pero al designar el Enviado de Dios (BP) un sucesor competente, que a lo largo de toda su vida había dado muestras de una fe sincera y firme en el Islam, transformó ese pensamiento de los opositores en desesperanza, garantizando así la permanencia de la religión y su afianzamiento, y completando la gracia del Islam mediante la designación de tal líder. Es por eso que inmediatamente luego de la designación de ‘Alî (P) como sucesor del Profeta (BP) en el día de Gadîr, fue revelada la siguiente aleya:
«Hoy, aquellos que descreen se han desesperanzado respecto a vuestra religión. No les temáis, mas temedme a Mí. Hoy, os he perfeccionado vuestra religión, he completado Mi gracia para con vosotros, y me ha complacido para vosotros el Islam como religión».[22]
Esto es, la perfección de la religión se dio mediante la designación de ‘Alî (P) como sucesor.[23]
Aparte de las narraciones mutawâtir arriba mencionadas, las cuales demuestran que el asunto de la sucesión del Profeta (BP) era una cuestión divina en la que la gente no tenía libertad de elección alguna, los registros históricos también transmiten que el Profeta (BP) en los días que aún se encontraba en La Meca y todavía no había formado un gobierno en Medina, consideraba el asunto de la sucesión como un asunto divino. Por ejemplo, cuando el jefe de la tribu de Banî ‘Âmir se presentó donde el Profeta (BP) durante las ceremonias de la peregrinación y le dijo: “Si es que te damos el juramento de fidelidad y tú llegas a vencer a tus opositores, ¿acaso nos tocará algo del liderazgo y la jefatura?”. El Profeta contestó:
“Ese es un asunto que compete a Dios y que lo dispone en quien Él quiere”.[24]
Es evidente que, si el asunto del liderazgo fuera algo delegado a la gente, debiera haber dicho: “Eso compete a la comunidad” o bien: “Eso compete a la gente de decisión (ahl al-hal·l wal ‘aqd)”. Pero las palabras del Profeta a este respecto se asemejan a las palabras del Altísimo con relación al Mensaje divino cuando dice:
«Dios bien sabe donde dispone Su Mensaje».[25]
 
La cuestión de la condición de estipulado del califato, y el hecho de que la comunidad no juega ningún papel en la determinación del sucesor del Profeta (BP), era algo que también se encontraba en las mentes de los Compañeros, sólo que, tras el fallecimiento del Enviado de Dios (BP), en lugar de la estipulación divina, ellos veían que era el califa anterior el que debía designar al posterior. Así, las diferentes crónicas históricas testimonian unánimemente que el segundo califa fue designado por el primero. La suposición de que aquella designación del segundo califa por parte de Abû Bakr no fue categórica sino que fue tan sólo una propuesta, contraría los textos históricos, desde que el primer califa aún se encontraba con vida cuando recibió las quejas de tal designación por parte de Compañeros como Az-Zubair. Es evidente que si ello hubiera sido solo una propuesta no hubiera habido razón de ser para tales quejas.
Aparte de la designación de ‘Umar por parte de Abû Bakr, la del tercer califa también, al haber sido elegido por y de entre el consejo de seis personas que fueron escogidas por el segundo califa, también conforma un tipo de estipulación que impide la intervención de la voluntad popular.
Básicamente, la idea de referirse a la voluntad popular y el hecho de que el califa deba ser elegido por la comunidad, no era algo que se encontraba en las mentes de los compañeros del Mensajero de Dios (BP), y todo lo que a este respecto se ha invocado posteriormente no son sino justificaciones que otros han ideado, es así que vemos que luego consideraron que el califa debía ser designado por el anterior.
A modo de ejemplo, cuando el segundo califa fue herido mortalmente, ‘Aishah, una de las esposas del Profeta (BP), le envió un mensaje al califa a través de su hijo ‘Abdul·lah Ibn ‘Umar diciendo: “Haz llegar mis saludos a tu padre y dile que no deje sin un pastor a la comunidad del Profeta”.[26]
‘Abdul·lah Ibn ‘Umar también, cuando su padre se encontraba tendido en su lecho, le exhortó a designar al califa diciéndole: “La gente habla sobre ti. Ellos piensan que no elegirás a nadie para sucederte. ¿Acaso si un pastor dejara solos en medio del campo a tus camellos y corderos sin dejar a alguien cuidándoles, tú no le reprocharías? ¡Considerar los asuntos de la gente es un asunto de mayor gravedad que considerar el estado de los camellos y corderos!”.[27]
 
Al comienzo del tema del Imamato señalamos que el Imam y el Califa del Profeta (BP), desde el punto de vista de los musulmanes, es aquel que tiene el deber de cumplir con las responsabilidades del Gran Profeta (BP) (a excepción del hecho de traer una ley divina o sharî‘ah). A continuación mencionaremos las más importantes de esas funciones de forma que quede más en claro la situación del Imamato y el Califato:
A- Aclarar los conceptos del Sagrado Corán y solucionar sus complejidades, era una de las funciones del Profeta (BP):
«Y te revelamos el Recuerdo para que aclarases a la gente lo que les fue revelado».[28]
B- Aclarar las normas de la sharî‘ah era otra de las funciones del Mensajero de Dios (BP), algunas de las cuales explicaba a través de la recitación de aleyas, y otras mediante la Tradición. El Profeta explicaba las normas en forma paulatina y en consideración a los acontecimientos que sucedían, y la naturaleza del asunto implicaba que esta función tuviera continuidad, pero el caso es que la cantidad de hadices del Profeta (BP) relacionados a las normas de la sharî‘ah no sobrepasa los quinientos.[29] Esa cantidad de hadices sobre jurisprudencia no puede tornar autosuficiente a la comunidad en el ámbito de la legislación.
C- Desde que el Gran Profeta (BP) fue el eje de la verdad y mediante su vasta visión evitaba cualquier tipo de desviación en lo relacionado a la creencia, es por ello que mientras él estuvo con vida, a causa de su persona y presencia no surgió ninguna división.
D- Responder a las preguntas doctrinales y sobre religión era otra de las funciones del Gran Profeta (BP).
E- Educar a los individuos de la sociedad mediante sus palabras y accionar.
F- Establecer la equidad, la justicia y la seguridad pública en la sociedad islámica era otra de las funciones del Gran Profeta (BP).
G- La defensa de las fronteras, y las riquezas del Islam frente a los enemigos también eran parte de las responsabilidades del Profeta (BP).
Si bien las dos últimas funciones también son posibles de concretarse por parte del líder elegido por la gente, categóricamente, para realizar las funciones primeramente mencionadas (aclarar los conceptos complicados del Sagrado Corán, elucidar las normas de la shari‘ah, etc.) es necesario un líder dotado de visión y capaz, que haya sido objeto de la consideración divina y que en lo referente al conocimiento y la acción sobre la base del mismo, esté en proximidad al Gran Mensajero (BP). Esto es, que porte los conocimientos del Profeta (BP) y se encuentre indemne de cualquier descuido y error de forma que lleve a cabo las funciones antes mencionadas, y pueda llenar el vacío de la desaparición del Profeta (BP) en cualquier circunstancia y ante los sucesos problemáticos, a pesar de que tal persona que porte los conocimientos proféticos no sea un profeta ni establezca una sharî‘ah, sino que posea la posición de Imam.
Es evidente que la designación de tal persona se encuentra por encima del nivel del saber y cono­ci­miento de la comunidad, y úni­camente debe ser especificada a través del Pro­feta y por orden divina. También está claro que el hecho de que se concreten los objeti­vos mencionados está supeditado a que la gente se disponga para apoyar y obedecer al líder desig­nado. Así, la designación divina y la anunciación del Profeta no son condiciones suficientes para concretar esos objetivos, puesto que لا رأيَ لِمَنْ لا يُطاع (“no es poseedor de opinión quien no es obedecido”), así como también ocurre en relación con el Corán y el Profeta.
Los sucesos negativos y la división de los musulmanes en grupos después del fallecimiento del Mensajero de Dios (BP), no acaecieron a causa de que el Profeta no cumpliera con su sapiente función -me amparo en Dios por tal insinuación- o no dispusiera un plan para la administración de la comunidad después de él, o bien porque su plan hubiese sido defectuoso, sino que los penosos sucesos acontecidos fueron por causa de que un grupo de personas de entre la comunidad antepuso su propio parecer al del Profeta, y prefirió su conveniencia personal por sobre la estipulación de Dios y de Su Mensajero. Esa no fue la única vez que tal cosa tuvo lugar en la historia, sino que en la misma encontramos muchos hechos similares.[30]
 
En el principio anterior dijimos que el Imam no es un líder común y corriente que solamente se ocupa de administrar la nación en lo político y económico, y proteger sus fronteras, sino que él, además de esas, posee otras funciones que fueron ya mencionadas; funciones delicadas, tales como la explicación del Sagrado Corán, la aclaración de las normas de la ley islámica, responder a las preguntas doctrinales de la gente, e impedir cualquier tipo de desviación en la doctrina y tergiversación de la ley divina, lo cual está supeditado a poseer un conocimiento vasto e inequívoco, en tanto que si las personas comunes se hacen cargo de esos asuntos, no se mantendrán indemnes de las equivocaciones.
Por supuesto, la condición de inmaculado no necesariamente implica la de profeta, sino que es posible que una persona se encuentre exenta del error pero que no sea profeta. Un claro exponente de ello lo conforma la virgen María (P), sobre quien señalamos anteriormente los indicios de su condición de inmaculada al tratar el tema de la condición de inmaculados de los profetas.
Además del análisis lógico mencionado, existe una serie de asuntos que señalan la necesidad de que el Imam deba ser inmaculado y estar exento del error, algunos de los cuales mencionamos a continuación:
1- La categórica y segura voluntad divina de la pureza y condición inmaculada de Ahl-ul Bait (P) respecto de la impureza, tal como expresa:
”Por cierto que Dios sólo quiere alejar de vosotros la impureza, Ahl-ul Bait, y purificaros sobremanera”.[31]
Lo que se desprende de la aleya que indica la condición de inmaculados de Ahl-ul Bait es:
El hecho de que la Voluntad particular de Dios haya deseado la purificación de Ahl-ul Bait (P) respecto de cualquier impureza, equivale e implica su condición de inmaculados respecto a cualquier tipo de pecado, ya que el propósito de “riÿs” en la aleya, es cualquier tipo de vileza mental, espiritual o de comportamiento, donde el pecado es uno de sus más claros exponentes, y desde que tal Voluntad se ha dirigido a unas personas en particular y no a todos los individuos de la comunidad, naturalmente ello implica una diferencia con la Voluntad de que todos se encuentren purificados. La voluntad de purificación que abarca al conjunto de los musulmanes, es la “Voluntad legislativa”[32], la cual es posible que no se concrete a causa de la desobediencia de los individuos, siendo la Voluntad divina en cuestión, una Voluntad “existencial” la cual no está separada de aquello que implica, esto es, la purificación respecto al pecado.
Es de mencionar que la “Voluntad existencial” de Dios de que Ahl-ul Bait (P) se encuentre purificado, no supone que se elimine la libre voluntad de éstos, de la misma manera que la condición de inmaculados de los profetas no implica que ellos pierdan su libre voluntad.
2- También se desprende del hadîz de Az-Zaqalain la condición de inmaculados de los Imames de Ahl-ul Bait (P), el cual expresa:
“Por cierto que dejo entre vosotros dos tesoros: el Libro de Dios y mi descendencia”.
Esto es, así como el Sagrado Corán se encuentra indemne de cualquier tipo de error y equivocación, asimismo los Imames de Ahl-ul Bait (P) se encuentran indemnes de cometer cualquier tipo de error de pensamiento y conocimiento.
Este tema queda completamente en claro considerando la última parte del hadîz que dice:
“Mientras os aferréis a ambos no os extraviaréis jamás. Ciertamente que ellos dos no se separarán hasta que vuelvan a mí en la Fuente”.
Aquello a lo cual, si uno se aferra acarrea la guía, implica que impide la desviación, y aquello que nunca estará separado del Sagrado Corán, categóricamente se encuentra indemne de cualquier tipo de error y pecado.
3- El Santo Profeta (BP) equiparó a su familia con el Arca de Noé (P) en el sentido que, cualquiera que se embarcó en ella se salvó de las olas del diluvio, y el que se distanció de la misma se ahogó. Así, expresó:
“Por cierto que el ejemplo de la Gente de mi Casa (ahl-u baiti) entre mi comunidad es como el del Arca de Noé: quien se embarcó en ella se salvó y quien se distanció de ella se ahogó”.[33]
Considerando estos indicios que fueron expuestos en forma resumida, la condición de inmaculado de Ahl-ul Bait (P) es un asunto claro y demostrado. Por supuesto, los indicios de esta tradición del Profeta (BP) no se restringen a los mencionados.
 

Los doce Imames

El reconocimiento de un Imam es posible a través de dos vías:
  • El Gran Profeta (BP) por orden divina anuncia claramente el Imamato de una persona en particular.
  • El Imam anterior anuncia el Imamato del Imam posterior.
El Imamato de los doce Imames está demostrado a través de las dos vías mencionadas, esto es, tanto el Profeta (BP) anunció claramente su Imamato según las narraciones, como el hecho de que cada Imam presentaba al Imam que le sucedería.
A este respecto, teniendo en cuenta lo conciso de este ensayo, sólo mencionaremos uno sólo de esos hadices.[34]
El gran Profeta (BP) no se limitó a designar a ‘Alî (P), sino que mencionó que después de él vendrían doce Imames por medio de los cuales se materializaría la grandeza de la religión y el Islam, es así que expresó:
“La religión permanecerá inexpugnable hasta (que se sucedan) doce califas”.
Y en otra narración expresó:
 “El Islam mantendrá su grandeza hasta (que se sucedan) doce califas”.
Es de mencionar que las narraciones que se refieren a doce califas, se encuentran en los más prestigiosos Sihâh de los sunnitas.[35]
Obviamente, esos doce califas a cuya existencia está supeditada la grandeza del Islam, sólo se corresponden con los doce Imames de la shî‘ah, puesto que ni los califas omeyas ni los abbasidas fueron un medio de grandeza para el Islam, ni su número es factible de corresponderse con los mismos.
Los doce Imames de la shî‘ah son:
  1. Amîr Al-Mu’minîn ‘Alî Ibn Abî Tâlib (P) - (año 10 antes de la bi‘zah - año 40 HL). Sepultado en la noble ciudad de Nayaf - Irak.
  2. El Imam Al-Hasan Ibn ‘Alî, apodado Al-Muytabâ (P) - (3 HL - 50 HL). Sepultado en el cementerio Al-Baqî‘ en la ciudad de Medina.
  3. El Imam Al-Husain Ibn ‘Alî, el Señor de los Mártires (P) - (4 HL - 61 HL). Sepultado en Karbalá – Irak.
  4. El Imam ‘Alî Ibn Al-Husain, apodado Zain Al-‘Âbidîn (P) - (38 HL - 94 HL). Sepultado en Al-Baqî‘.
  5. El Imam Muhammad Ibn ‘Alî, conocido como Bâqir Al-‘Ulûm (P) - (57 HL – 114 HL). Sepultado en Al-Baqî‘.
  6. El Imam Ya‘far Ibn Muhamad, conocido como As-Sâdiq (P) - (83 HL - 148 HL). Sepultado en Al-Baqî‘.
  7. El Imam Mûsâ Ibn Ya‘far, apodado Al-Kâdzim (P) - (128 HL - 183 HL). Sepultado en Al-Kâdzimain – Irak.
  8. El Imam ‘Alî Ibn Mûsa, conocido como Ar-Ridâ (P) -(148 HL - 203 HL). Sepultado en Jorasân - Irán.
  9. El Imam Muhammad Ibn ‘Alî, conocido como Al-Yawâd (P) - (195 HL - 220 HL). Sepultado en Al-Kâdzimain - Irak.
  10. El Imam ‘Alî Ibn Muhammad, conocido como Al-Hâdî (P) - (212 HL - 254 HL). Sepultado en Samarrâ’ - Irak.
  11. El Imam Al-Hasan Ibn ‘Alî, conocido como Al-‘Askarî (232 HL - 260 HL). Sepultado en Samarrâ’ - Irak.
  12. El Imam Muhammad Ibn Al-Hasan, conocido como Al-Huyyah y Al-Mahdî -que Dios apresure su bendita manifestación. Él es el doceavo Imam de la shî‘ah, y hoy mismo se encuentra vivo y oculto hasta que un día por orden de Dios se manifieste, y según la clara promesa del Corán y los hadices mutawâtir el Islam regirá entonces a lo largo y ancho del mundo.[36]
 
La biografía de los Imames de la shî‘ah (P), se ha explicado con detalle en los libros de historia, pero desde que el doceavo Imam hoy mismo se encuentra vivo, y posee la posición de Imam por voluntad divina, en artículos subsiguientes mencionaremos algunos puntos respecto a él.
 
Amar a la familia del Mensaje es una de las cuestiones sobre las que han enfatizado el Sagrado Corán y la tradición del Profeta (BP). El Altísimo expresa:
«Di: no os pido por ello recompensa sino el amor a mi familia».[37]
Amar a la noble familia del Profeta, además de constituir por sí misma una gran virtud, conlleva a que aquel que siente tal amor trate de hacer que su persona se asemeje a ellos, y les siga en lo referente a adquirir las virtudes y alejarse de los vicios.
En hadices mutawâtir del Gran Mensajero (BP) se ha narrado que amar a Ahl-ul Bait (P) es signo de fe, y que serles hostil es signo de incredulidad e hipocresía. Cualquiera que les ame estará amando a Dios y a Su Mensajero, y cualquiera que les demuestre hostilidad estará siendo hostil con Dios y Su Mensajero.
Básicamente, amar a la familia del Mensaje conforma una exigencia de la religión del Islam, sobre lo cual no cabe duda ni vacilación, y en ello están de acuerdo todos los musulmanes, a excepción de un grupo conocido como los nawâsib, y es por eso mismo que son considerados entre aquellos que desmienten el Islam, puesto que nos ha llegado en hadices mutawâtir de las dos tendencias que amar a Ahl-ul Bait (P) es una señal de fe, y odiarles es una señal de hipocresía e incredulidad.[38]
 
Hablar sobre cada uno de los doce Imames de Ahl-ul Bait (P), está por encima de la magnitud de este ensayo, sólo que hay algo que aquí es necesario señalar, que es la cuestión de la creencia en la existencia del Imam de la Época, quien ahora mismo se encuentra tras el velo de la ocultación y mediante la anuencia divina un día se manifestará y establecerá una justicia general en todo el mundo. A continuación trataremos algunos puntos referidos a esto bajo los siguientes artículos.
La manifestación de un hombre de la familia del Mensaje, con el propósito de establecer un gobierno de justicia mundial en el futuro de la historia de la humanidad -ello cuando el mundo se encuentre colmado de injusticia e iniquidad-, conforma una de las creencias categóricas de todos los musulmanes, y la generalidad de los mismos está de acuerdo al respecto, y así también hay hadices que fueron transmitidos con relación a ello que alcanzan el grado de tawâtur. Según los cálculos de los investigadores, el número de las narraciones a este respecto alcanza las seiscientas cincuenta y siete, entre las cuales nos contentamos con mencionar una sola transmitida por el sabio sunnita Ahmad Ibn Hanbal:
Dijo el Profeta (BP):
“Aunque no quedara del mundo más que un solo día, Dios alargaría ese día hasta que surja un hombre de mi descendencia que lo llenará de justicia y equidad, así como habrá sido llenado de injusticia e iniquidad”.[39]
Según esto, el levantamiento y manifestación de un hombre de la familia del Profeta al final de los tiempos es algo en lo que están de acuerdo todos los musulmanes, tanto shiítas como sunnitas.
Las narraciones islámicas de las dos tendencias que han enunciado las particularidades de este Reformador mundial, se detallan de la siguiente manera:
  1. Que es de la Gente de la Casa del Profeta (Ahl-ul Bait). 389 narraciones.
  2. Que es de entre los descendientes de Amîr Al-Mu’minîn ’Alî (P). 214 narraciones.
  3. Que es de entre los descendientes de Fátima Az-Zahrâ (P). 192 narraciones.
  4. Que es el noveno descendiente de Al-Husain (P). 148 narraciones.
  5. Que es de la descendencia del Imam Zain Al-Âbidîn (P). 185 narraciones.
  6. Que es de la descendencia del Imam Al-Hasan Al-‘Askarî (P). 146 narraciones.
  7. Que es el doceavo Imam de Ahl-ul Bait (P). 136 narraciones.
  8. Narraciones que anuncian su nacimiento. 214 narraciones.
  9. Que su vida será muy prolongada. 318.
  10. Que su ocultación será prolongada. 91 narraciones.
  11. Que cuando él surja el Islam adquirirá carácter mundial. 27 narraciones.
  12. Que colmará la Tierra de justicia y equidad. 132 narraciones.
Según estas narraciones, la existencia de tal Reformador mundial en el futuro de la humanidad, es, desde la perspectiva de las narraciones islámicas, un asunto categórico sobre el cual no es factible la duda. Aquello que es objeto de discrepancia es si ya ha nacido y si ahora mismo se encuentra con vida, o si es que vendrá en el futuro. La shî‘ah y un grupo de investigadores sunnitas, son partidarios de la primera opción, y sostienen que ese Imam nació en el año 255 de la hégira lunar y ahora mismo se encuentra con vida, pero un grupo de sunnitas sostiene que él nacerá en el futuro.
Desde que los shiítas creemos que él nació en el 255 HL y se encuentra vivo aún, vemos necesario recordar los siguientes puntos acerca de la ocultación y larga vida del Imam, en la medida de este ensayo.
Desde el punto de vista del Sagrado Corán, los awliiâ’ de Dios son de dos tipos, un walî manifiesto, que es conocido por las personas, y un walî oculto a las miradas, que las personas no pueden ver, a pesar de que se encuentra entre ellos y está enterado de sus asuntos.
En la sura Al-Kahf, se hace referencia a los tipos de walî. Uno es Mûsâ Ibn ‘Imrân y el otro su ocasional compañero en su travesía marítima y terrestre, que es conocido con el nombre de Al-Jidr. Este walî divino era de una forma tal que ni siquiera Moisés lo conocía, y tan sólo mediante la orientación de Dios fue que lo reconoció y se benefició de su conocimiento. Así como dice el Sagrado Corán:
 
«Y encontró a uno de nuestros siervos a quien le concedimos una misericordia de nuestra parte y le enseñamos de nuestra parte un conocimiento * Le dijo Moisés: ¿Acaso puedo seguirte de forma que me enseñes de lo que se te ha enseñado y es motivo de rectitud?».[40]
Luego el Sagrado Corán explica algunos de los asuntos benéficos y provechosos que llevaba a cabo ese walî de Dios, de lo cual queda completamente en claro que la gente no le conocía pero que se beneficiaban de sus bendiciones.[41]
El Imam de la Época -que Dios apresure su noble manifestación- también es como el compañero de Moisés (P), un walî no conocido que al mismo tiempo es origen de acciones benéficas para la comunidad. En este caso, la ocultación del Imam no equivale a la separación del Imam respecto de la comunidad, sino que él -así como nos lo afirman las narraciones de los inmaculados, con ellos sea la paz- es como el sol que se encuentra detrás de las nubes, al cual no alcanzan las miradas, pero de cuya luz la gente de la Tierra se beneficia.[42]
Además de ello, a lo largo de la historia, ha habido un número de personas probas y excelentes que han merecido acceder a la presencia del Imam, beneficiándose de su persona, y de esa manera también otros se beneficiaron de la bendición de su existencia.
El método usual entre los hombres ha sido y es que el dirigente y líder lleve a cabo algunos asuntos sin intermediarios y que otros asuntos se concreten a través de sus representantes. Es cierto que hay diferentes causas que ocasionan la ocultación del Imam de la Época -que Dios apresure su noble manifestación-, y que la humanidad no tiene acceso directo a su persona, pero afortunadamente, la vía de beneficiarse de sus representantes que son esos mismos faqihes justos y temerosos de Dios, no se encuentra cerrada. Los grandes fuqahâ’ y muÿtahidîn, son sus representantes en los asuntos de la ley islámica y de gobierno, y la administración de la sociedad islámica durante la época de la ocultación ha sido delegada a ellos. Por supuesto, el hecho de vernos privados de todos los efectos existenciales del Imam se debe a condiciones especiales que hacen que su ocultación sea inevitable.
La causa de la ocultación del Imam de la Época -que Dios apresure su noble manifestación-, conforma uno de los secretos divinos, si bien es posible que nosotros podamos inferir la esencia del mismo. La ocultación temporal de los líderes divinos respecto a la gente, también tuvo lugar en las comunidades anteriores al Islam. Mûsâ ibn ‘Imrân (P) se ocultó de su pueblo por un período de cuarenta días, y permaneció en el miqât o lugar de encuentro con su Señor (Al-A‘râf; 7: 142). Jesús (P) a causa de la voluntad divina se ocultó de su pueblo y los enemigos no pudieron asesinarle (An-Nisâ’; 4: 158). El Profeta Jonás (P) se ocultó de su pueblo por un tiempo (As-Saffât). Básicamente, cada vez que un asunto es establecido por la transmisión mutawâtir pero que la persona no puede entender completamente, no debe poner ello en duda o negarlo, puesto que en ese caso serían objeto de cuestión gran parte de las normas de las leyes divinas que constituyen asuntos categóricos y exigencias de la religión islámica. La ocultación del Imam de la Época -que Dios apresure su noble manifestación-, no es una excepción a esa regla, y no estar informado del secreto o secretos reales de ello, no nos concede el derecho de dudar o negar. Al mismo tiempo, debemos decir que se puede entender el secreto de la ocultación a un grado acorde a la capacidad del razonamiento humano.
Esta última Prueba (Huÿÿah) inmaculada y divina, ha sido reservada para concretar trascendentes propósitos (como lo es el hecho de expandir la justicia general y enarbolar el estandarte de la unicidad divina en el mundo), y esos propósitos necesitan tiempo, florecimiento del intelecto y el saber humano, y preparación espiritual de la humanidad, de forma que el mundo esté capacitado para recibir el cortejo de ese Imam y Reformador mundial, ese cortejo de justicia, libertad y paz. Es natural que, en el caso de que el Imam se manifestase entre la gente antes de que estuvieran dadas las condiciones, tendría el destino de las anteriores Pruebas de Dios en la Tierra (esto es, el martirio), y cerraría los ojos al mundo antes de concretarse esos trascendentes propósitos. Las narraciones también han señalado esa filosofía. El Imam Al-Bâqir (P) expresó:
“El Restaurador –que Dios apresure su noble manifestación- tendrá una ocultación antes de su manifestación”.
El narrador preguntó la razón y el Imam expresó:
“Para impedir que sea asesinado”.[43]
Además de ello, en algunas narraciones se ha planteado la cuestión de probar y depurar a las personas, en el sentido que la gente durante la época de la ocultación será objeto del examen divino, y se medirán sus niveles de perseverancia en la fe y la creencia.[44]
Los argumentos teológicos, consideran que la existencia del Imam inmaculado en la sociedad representa una de las grandes bondades divinas, lo que constituye un factor de guía para la gente. Es natural que, si la gente se dirige hacia la aceptación de esa manifestación de la bondad divina, se beneficiará de todos los efectos y bendiciones de su existencia, y en caso contrario se verá privada de aprovecharse completamente del Imam, y el causante de la privación sería la misma gente, no Dios ni el Imam.[45]
El Imam de la Época –que Dios apresure su noble manifestación- nació en el año 255 HL y considerando eso, hoy en día (año 1418 HL) su edad ha superado los once siglos. Aceptar esa larga vida, no debe conformar un gran problema considerando el vasto Poder Divino, y en realidad aquellos que consideran ello un impedimento, están desatentos del infinito Poder divino:
«Y no ponderaron a Dios en su correcta ponderación».[46]
Además, en las comunidades anteriores hubo muchas personas de larga vida, así como el Corán afirma que el período de la profecía de Noé (P) fue de novecientos cincuenta años (Al-‘Ankabût; 29: 14). Asimismo en nuestra época la ciencia intenta solucionar el problema de la larga vida, y ello nos hace inferir que, según la creencia de los científicos, el ser humano tiene la capacidad de vivir largamente, y que lo que hay es una serie de impedimentos que entorpecen la larga vida. ¿Es que acaso Dios, el Todopoderoso, que según el texto coránico podría retener al Profeta Jonás (P) en el vientre de la ballena hasta el día de la Resurrección (As-Saffât; 37: 143-144), puede mediante Sus bendiciones y gracias otorgar una larga vida a quien conforma Su extensa Prueba en la Tierra? La respuesta es indudablemente positiva.
Nadie tiene en claro cuándo será que el Imam de la Época se manifestará, y ese asunto conforma uno de los secretos divinos, al igual que la constitución de la Resurrección. Por eso, no se puede aceptar las pretensiones de aquellos que invocan conocer el momento de la manifestación del Imam (P) o que especifican un tiempo para su manifestación.
Dejando de lado el hecho de querer inferir el tiempo exacto de su manifestación, debemos decir que en muchas narraciones se brindan señales generales para la aparición del Imam (P), las cuales se dividen en señales “categóricas” y otras “no categóricas”.

Para una mayor familiarización con lo escrito acerca del Imam Al-Mahdî (P), es necesario referirse a las obras y enciclopedias que se explayan en detalle sobre el tema.


Saber más

Artículo: "El Imam Ali Ibn Abi Talib, en el Corán y la Tradición del Profeta"

Artículo: "La wilayat y su dimensión (la autoridad investida en el Profeta y sus sucesores como representantes de Dios sobre la tierra)"


[1] Ver: As-Saffât; 37: 83.
[2] Firaq Ash-Shî‘ah, p.17.
[3] Maqalât Al-Islâmîîn, t. 1, p.65.
[4] Al-Milal wan Nihal, t.1, p.131.
[5] Ver: Târîj At-Tabarî, t.2, pp.62-64.
[6] Al-Baîinah; 98: 7.
[7] Ad-Durr Al-Manzûr, explicación de la sura Al-Baîinah.
[8] Sura 63: Al-Munafiqûn (Los Hipócritas).
[9] Ash-Shifâ’, sección de Al-Ilâhiât, artículo décimo, quinta sección, p.564.
[10] Ash-Shu‘arâ’; 26: 214.
[11] Musnad Ahmad, t.1, p,159; Tâ’rîj At-Tabarî, t.2, p.406; Tafsîr At-Tabarî (Ÿâmi‘ Al-Baiân), t.19, pp.74-75; Tafsîr (sûrah) Ash-Shu‘arâ’, aleya 214.
[12] Sahîh Al-Bujârî, t.6, p.3, edición del 1312 H.L., capítulo de “La expedición a Tabûk”; Sahîh Muslim, t.7, p.120, capítulo de “Las virtudes del Imam ‘Alî (P)”; Sunan Ibn Mâÿah, t.1, p.55, capítulo de “Las virtudes de los Compañeros del Profeta”; Musnad Ahmad, t.1, pp.173, 175, 177, 179, 182, 185 y 230; y As-Sîrah An-Nabawîiah de Ibn Hishâm, t.4, p.164, capítulo de “La expedición a Tabûk”.
[13] Mariam; 19: 53.
[14] Al-A‘râf; 7: 142.
[15] Tâ Hâ; 20: 29
[16] Mustadrak Al-Hâkim, t.3, p.351; As-Sawâ‘iq Al-Muhriqah, p.91; Mizân Al-I‘tidâl, t.1, p.224; Tâ’rîj Al-Julafâ’, p.573; Al-Jasâ’is Al-Kubrâ, t.2, p.266; Ianâbî‘ Al-Mawaddah; p.28; Fath Al-Qadîr, p.113, y muchas otras referencias.
[17] Mustadrak Al-Hâkim, t.3, p.149.
[18] An-Nahl; 16: 16
[19] Sahîh Muslim, t.7, p.122; Sunan At-Tirmidhî, t.2, p.307; Sunan Ad-Darâmî, t.2, p.432; Musnad Ahmad, t.3, pp.14, 17, 26, 59, y t.4, pp.59, 366 y 371, y t.5, pp.182 y 189; Al-Jasâ’is Al-‘Alawîiah de An-Nisâ’î, p.20; Mustadrak Al-Hâkim, t.3, pp.109, 148 y 533, y muchas otras referencias.
[20] Al-Mâ’idah; 5: 67.
[21] At-Tûr; 52: 30.
[22] Al-Mâ’idah; 5: 3.
[23] Un grupo de los Compañeros y los Tâbi‘în transmitieron que la aleya mencionada se refiere al suceso de Gadîr. Entre ellos están: Abû Sa‘îd Al-Jidrî, Zaid Ibn Arqam, Ÿâbir Ibn ‘Abdil·lah Al-Ansârî, Abû Hurairah y Muÿâhid Al-Makkî. Para familiarizarse con las narraciones de las personas mencionadas respecto al suceso en cuestión referirse a: Abû Ÿa‘far At-Tabarî en el libro Al-Wilâiah; Al-Hâfidz Ibn Mardwîiah Al-Isfahânî citando a Ibn Kazîr en el tomo 2; el Tafsir del mismo Al-Hâfidz Abû Na‘îm Al-Isfahânî en el libro Mâ nuzila minal qur’ân fi ‘Alî (Lo que fue revelado en el Corán con relación a ‘Alî); Al-Jatîb Al-Bagdâdî en el tomo 8 de su Ta’rij; Al-Hâfidz Abû Sa‘îd As-Saÿistânî en el libro Al-Wilâiah; Al-Hâfidz Abûl Qâsim Al-Haskânî en su Shawâhid At-Tanzîl; Ibn ‘Asâkir Ash-Shâfi‘î narrando de As-Suiûtî en Ad-Durr Al-Manzûr, t.2, p.295, y Al-Jatîb Al-Juwarizmî en su Al-Manâqib. Sus expresiones se encuentran citadas en Al-Gadîr, t.1, p.336.
Al-Fajr Ar-Râzî escribe en su Tafsîr: “Luego de la revelación de esta aleya, el noble Profeta (BP) solo vivió 81 u 82 días, período de tiempo en el cual no se produjo ni incremento ni abrogación de ley alguna en la sharî‘ah, y por supuesto ningún cambio.
Sobre la base de esto, necesariamente queda confirmado que esta aleya fue revelada el día de Gadîr Jumm, esto es, el día 18 de Dhul Hiÿÿah del año en que se produjo Haÿÿat-ul Wadâ‘ (La Peregrinación de Despedida), desde que el Profeta (BP) -según la opinión de los sunnitas- murió el día 12 de Rabî‘ Al-Auwâl, y los tres meses (Dhûl Hiyyah, Muharram y Safar) tienen ya sea 29 o 30 días. Según este cálculo es correcto decir que él falleció 81 u 82 días después de ser revelada esta aleya”. (Tafsîr Al-Fajr Ar-Râzî, bajo la exégesis de la sura Al-Mâ’idah, aleya 3).
[24] Sîrah Ibn Hishâm, t.2, p.422.
[25] Al-An‘âm; 6: 124.
[26] Al-Imâmah wa-s Siâsah, t.1, p.32.
[27] Hiliat Al-Awliâ’, t.1, p.44.
[28] An-Nahl; 16: 44.
[29] Al-Wahî Al-Muhammadî; p.212, sexta edición.
[30] Ver: An-Nass wal Iÿtihâd del gran sabio Seîied ‘Abdul Husain Sharafuddîn Al-‘Âmilî.
[31] Al-Ahzâb; 33: 33.
[32] Al-Mâ’idah; 5: 6: «Pero desea (ello) para purificaros».
[33] Al-Mustadrak, por Al-Hâkim, Vol. 2, p.151; Al-Jasâ’is Al-Kubrâ de As-Suiûtî, t.2, p.266.
[34] Para conocer el resto de las narraciones referirse a libros de hadices como Usûl Al-Kâfî, Kifâiat Al-Azâr, Izbât Al-Hudât, Muntajab Al-Azâr y otros.
[35] Sahîh Al-Bujârî, t.9, p.81, capítulo de Al-Istijlâf; Sahîh Muslim, t.6, p.3, capítulo de Al-Imârah, Musnad Ahmad, t.5, p.86 y 108; Mustadrak Al-Hâkim, t.3, p.18.
[36] Respecto a la fecha exacta de nacimiento y fallecimiento de algunos de los Imames de Ahl-ul Bait existe discrepancia, y aquí hemos elegido sólo una de las mismas. También la historia nos refiere que la mayoría de estos Imames murieron mártires.
[37] Ash-Shûrâ; 42: 23.
[38] Citan Al-Hâkim e Ibn Habbân en su Sahîh, así como An-Nabhânî en su Arba‘în y As-Suiûtî en su Ihiâ’ Al-Maîit, una narración de Abû Sa‘îd, quien transmite que el Mensajero de Dios (BP) dijo: “¡Por Aquel en cuyas manos está mi alma! No hay hombre que nos aborrezca a nosotros Ahl-ul Bait, sin que entre en el fuego”.
[39] Musnad Ahmad Ibn Hanbal, t.1, p.99, y t.3, p.17 y 70.
[40] Al-Kahf; 18: 65-66.
[41] Al-Kahf; 18: 71-82.
[42] Kamâl Ad-Dîn, del Sheij As-Sadûq, cap. 5, hadîz 4, p.485.
[43] Kamâl Ad-Dîn, del Sheij As-Sadûq, p. 481, cap. 44, hadices 8, 9 y 10.
[44] Al-Maÿlisî, Bihâr Al-Anwâr, t.52, pp.102, 113 y 114.
[45] El Muhaqqiq At-Tûsî en su libro Taÿrîd Al-I‘tiqâd, capítulo del Imamato, señala este argumento con las siguientes expresiones:
“Su existencia es una bondad divina, y su accionar es otra, y el hecho de que no se encuentre (manifiesto) se origina de nosotros”. P.363.
[46] Al-An‘âm; 6: 91.